fbpx
Internacionales

Protestas en EE.UU. por la decisión de no imputar a los policías involucrados en el tiroteo que murió Breonna Taylor

Una decisión judicial desencadenó una nueva ola de protestas contra la impunidad policial en calles de Estados Unidos, en este caso las de la ciudad de Louisville.

La indignación se produjo después de conocerse que uno de los tres agentes de policía involucrados en la muerte de la afroestadounidense Breonna Taylor, de 26 años, a quien mataron durante una redada en su casa en esa ciudad de Kentucky, fue imputado solo por «conducta peligrosa», y no por cargos mayores.

Breonna Taylor, la otra muerte por la que se protesta en las marchas contra la violencia policial en EE.UU.

«No puedes abusar de un grupo de gente inteligente durante 300 años y esperar que aguanten indefinidamente»

«En el momento en que los manifestantes supieron que no habría cargos contra los agentes directamente relacionados con la muerte, hubo gritos de angustia, lágrimas y conmoción en el lugar de homenaje en Louisville dedicado a la memoria de Taylor», explica el corresponsal de América del Norte de la BBC, Aleem Maqbool.

Dos agentes han resultado heridos de bala durante las protestas, aunque su vida no corre peligro.

«Muchos dicen que a pesar del clamor tras la muerte de George Floyd, sienten que no ha habido un cambio sistémico y que la policía seguirá siendo protegida de una manera que consideran injusta», señala Aleem Maqbool.

La decisión la tomó este miércoles un gran jurado, una instancia superior a los tribunales ordinarios en Estados Unidos.

El agente Brett Hankison fue acusado de tres cargos relacionados con «conducta temeraria» por poner en peligro gratuito a los vecinos con los disparos efectuados el 13 de marzo, cuando falleció Taylor.

El fallo, sin embargo, no establece acusación alguna por la muerte de la mujer. Los tres policías involucrados (Hankison entre ellos) resultaron exonerados de ese delito.

La familia de la víctima calificó de «ofensiva e indignante» la decisión del gran jurado.

Miles de personas salieron a protestar en las calles de Louisville y otras ciudades estadounidenses como Nueva York, Washington, Atlanta o Chicago.

Las autoridades declararon el estado de emergencia en Louisville y se desplegaron fuerzas de la Guardia Nacional y de la Policía Estatal.

Además, el alcalde, Greg Fischer, estableció un toque de queda de 21:00 a 06:30 hora local durante las próximas 72 horas.

La policía cerró el tráfico en ciertas calles donde se realizaron la mayoría de las manifestaciones y se instalaron barricadas alrededor del centro de la ciudad.

De ser hallado culpable, la sentencia contra Hankison puede ser de cinco años por cada uno de los cargos en su contra.

El exagente, que fue despedido del Departamento de Policía de Louisville en junio, salió en libertad condicional previo pago de US$15.000.

Bajo las leyes de Kentucky, alguien es culpable de poner en peligro sin sentido a una o varias personas si comete un acto que muestra «indiferencia extrema por el valor de la vida humana».

Según figura en su carta de despido, los investigadores determinaron que Hankison «disparó a ciegas y sin sentido diez veces» al entrar en casa de Taylor.

Otros dos agentes de policía estuvieron involucrados en la redada y en el tiroteo, pero no fueron acusados de ningún delito. Se encuentran bajo investigación interna.

Los familiares de Taylor y activistas habían pedido que se acusara a los tres agentes de asesinato u homicidio culposo.

Pero el gran jurado que revisó las pruebas rechazó hacerlo.

El fiscal general de Kentucky, Daniel Cameron, ofreció una rueda de prensa en la que habló sobre la decisión.

«Este es un caso devastador», dijo. «No hay nada que les pueda ofrecer [a los seres queridos] que pueda hacer desaparecer el dolor y la angustia de perder a una hija, una sobrina, una hermana y una amiga».

Cameron precisó que un análisis balístico constató que seis balas alcanzaron a Taylor, aunque solo una fue mortal.

Ese análisis concluyó que el detective Myles Cosgrove disparó la bala que mató a la joven.

El fiscal general dijo que no está claro si los disparos de Hankison alcanzaron a Taylor, pero sí llegaron a un apartamento vecino.

Añadió que los otros agentes -Jonathan Mattingly y Myles Cosgrove- estaban «justificados para protegerse» y que «esa justificación nos impide imponer cargos penales».

Cameron, un republicano que es el primer fiscal general negro del estado, agregó: «Si actuamos simplemente por emoción o rabia, no hay justicia.

«La justicia de masas no es justicia. La justicia que se busca con violencia no es justicia. Solo se convierte en venganza».

El fiscal precisó que el FBI todavía investiga posibles violaciones de la ley federal en el caso.

Breonna Taylor era trabajadora de la salud, una técnica de emergencias, y estaba en su casa, en la cama, cuando la policía entró en su departamento poco después de la medianoche.

Murió después de recibir seis disparos.

Los policías ingresaron a su casa para realizar un allanamiento como parte de una investigación por narcotráfico. No se encontraron drogas en la propiedad.

Un juez había otorgado la orden porque los investigadores sospechaban de que el exnovio de Taylor, un traficante de drogas convicto, estaba usando la dirección para recibir mercancía.

Taylor no tenía antecedentes penales.

Ella estaba dormida y su novio, Kenneth Walker, tomó su arma de fuego, para la cual tenía licencia, según la demanda presentada por la familia de la víctima.

Walker creyó que un intruso – o el exnovio de Taylor- quería ingresar en la casa y disparó, de acuerdo a las investigaciones.

Brett Hankison y otros agentes respondieron al fuego y dispararon más de 20 veces.

El novio no resultó herido, pero Taylor fue impactada varias veces por las balas y murió en el pasillo de su apartamento, según los abogados de la familia.

Tras el fallecimiento de la joven de 26 años su nombre se convirtió en un grito de guerra para los manifestantes contra el racismo y la brutalidad policial en EE.UU.

Es coreado junto al de George Floyd, otro afroestadounidense que murió bajo custodia policial en mayo.

Las autoridades llegaron a un acuerdo para pagarle a la familia de Taylor la suma de US$12 millones.

Noticias relacionadas

Botón volver arriba