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Diego Méntrida: «Me paré, él se lo merecía»

El madrileño Diego Méntrida dejó pasar a su rival cuando éste se equivocó de camino antes de la meta. Peleaban por el tercer puesto en el Triatlón de Santander, que ganó Gómez Noya.

Ocurrió el pasado domingo, una decisión de esas que ponen en la cuerda floja a cualquiera, la tentación del éxito delante de tus narices, más cuando el protagonista aún no está acostumbrado (todavía) a eso de coleccionar triunfos. Venció la deportividad, que no siempre sucede, y al final, el gesto de Diego Méntrida valió mucho más que el bronce perdido.

Enfilaba el madrileño el último par de giros antes de entrar a meta, exhausto en la carrera en persecución sin premio de su rival, resignado ya a ese cuarto puesto que tan amargo es siempre en el deporte. Más si la foto del podio es única, pues en lo alto aguardaba una leyenda, nada menos que Javi Gómez Noya, quien se apuntó al Triatlón de Santander, distancia olímpica, ante la escasez de pruebas en este año maldito del Covid. Cuando, de repente, el británico James Teagle, que marchaba tercero, se equivocó de camino ante los mísmisimos ojos de Diego.

Ahí estaba la gloria para el jovencísimo triatleta del Ecosport de Alcobendas, a apenas unos metros. Le hubiera bastando con seguir la inercia de sus zancadas. Perfectamente se podría haber hecho el despistado. “Al ver cómo él se equivocaba, inconscientemente me paré. Él se lo merecía”. Ganó, por goleada, la deportividad a la ambición, y Diego dejó al inglés volver sobre sus pasos y entrar tercero. Más mérito si cuando hay que decidir el corazón bombea a más de 150 pulsaciones. “No debió de ver el desvío a meta. O no se lo señalizaron bien. No lo sé, el caso es que se lo merecía», detalla Diego, pura honestidad: «Lo volvería a hacer”.

Para un chico de 21 años, desperezándose en la elite del triatlón patrio pero consciente de lo áspero que es este mundo a nivel profesional, de que “o eres un Gómez Noya o vivir de esto es complicado”, que estudia, por si acaso, un doble Grado en la Universidad Rey Juan Carlos (Fisioterapia y Ciencias del Deporte) y que entrena -«aquí no vale con una sesión al día»- robándole horas al sueño, renunciar a un podio no es baladí. “Me salió así, es lo más justo”, insiste, aunque reconoce, también, “la pena” de esa imagen que nunca será, de él en el tercer lugar del cajón, por detrás de Kevin Tarek Viñuela, toda una referencia, y de, nada menos, que “el mejor de la Historia”. Más dolor que los 300 euros de premio que perdió fue renunciar a una fotografía de las que colgar en el salón.

Cuando todos fueron conscientes del gesto, ya en meta, llegaron los aplausos y el reconocimiento para el chico, que apenas lleva unos años dedicado al triatlón -fue seleccionado para el Europeo de duatlón, el pasado mes de marzo-, pues lo descubrió a la vuelta de unos meses viviendo en Canadá, “donde hay una cultura del deporte muy grande”. También se rindió a su decisión su rival, cómo no, con el que espera encontrarse en unas semanas en Bilbao, en su debut en la larga distancia en el Campeonato de España. “Se me acercó y me dio las gracias, en inglés”, desvela y detalla cómo había sido una lucha titánica durante casi dos horas de agonía.

“Salí tercero del agua, liderando al grupo que ya perseguía a los dos escapados. En la bici sin drafting pese a ser un olímpico, normas anti coronavirus, mantuve el tipo y en la carrera, que es lo que mejor se me da, veníamos James y yo todo el rato juntos, atacándonos”, relata. “En la última vuelta se me fue cuatro o cinco segundos”, admite, hasta el fatal error del inglés del equipo del equipo Alusigma, sin penalización por el juego limpio de su rival.

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